-Plaza a la Reina propietaria de Castilla, de León y de Granada, de Sevilla y de Galicia, de Gibraltar, Murcia y Jaén. De las Islas Canarias y de las nuevas tierras Atlánticas. Princesa heredera de la corona de Aragón y Archiduquesa de Austria.
-¿Que es lo que os sorprende.? ¿No contabais con mi presencia? Se que estáis tratando de graves negocios. Se trata de recluirme en una fortaleza por el resto de mi vida. Se trata, de hacer propiedad de Don Felipe de Austria, la corona que a mi tan solo pertenece. Se trata de Castilla. Se trata de mi. Y sabiendo que ya ibais cobrando ojeriza a mi pobre vestido negro, para contentaros, y siquiera una vez pareceros Reina, me he echado encima, como veis, mis galas mas deslumbradoras. Señor De Veyre, caiga sobre vos la responsabilidad de haber inspirado a ese pelele, el sueño insensato de llegar a ser el amo de Castilla.
-Os disculpa vuestra locura, Señora.
-No os escondáis, Don Juan Manuel, un descendiente de Rey San Fernando convertido en el encubridor de los excesos de un Archiduque de Austria. También vos habéis venido, Señor Marqués de Villena, Duque de Escalona. Tal vez estos caballeros ignoren, que vuestro antepasado Don Diego Lopez Pacheco, fue uno de los asesinos de Doña Inés de Castro. Que vuestro noble padre dio veneno al Príncipe Don Alfonso. Que vos hicisteis matar a a vuestra primera mujer.
-Si el cielo os concediera el entendimiento suficiente... Quizá llegarais a comprender que no podéis ofrecer si no opresión a Castilla.
-¡Gloriosa raza la vuestra! Se muy bien que esos señores que son mis médicos, quieren encerrarme por loca. Solo que yo no quiero dejarme encerrar. Matad a la gente señores mios, tal es vuestro derecho, para enterrarla viva aun no tenéis licencia.
-Callad de una vez. Esta asamblea ha decretado ya vuestra reclusión.
-Y a vos, Don Felipe, ¿que os podré decir para consuelo de vuestra pena? Estáis pálido. La ambición os devora, pues necesitáis mucha fuerza para cumplir con los propósitos de vuestra codicia.
-Basta Doña Juana. Salid de aquí, no me obliguéis a emplear la violencia.
¡Si, por Cristo! Sonó la hora de que yo empiece a reinar. Amar como todas las mujeres, es amar a un hombre. A semejanza de Dios debe amar una Reina, ¡amando a un pueblo entero! ¡Abrid las puertas!
miércoles, 9 de mayo de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario